lunes, mayo 25 / Etiquetas: Analisis, Articulos, Escritores, MVLL
¡Abajo la ley de la gravedad!
Las rebeliones de los quiebraquilos y de los vagunzos, además de pintorescas e inusitadas, tienen un poderoso contenido simbólico. Ambas forman parte de una robusta tradición que, de un extremo a otro del continente, ha acompañado la historia de América Latina, y que, en vez de desaparecer, se acentuó a partir de la emancipación: el rechazo de lo real y lo posible, en nombre de lo imaginario y la quimera. Nadie la ha definido mejor que el poeta peruano Augusto Lunel, en las primeras líneas de su Manifiesto: "Estamos contra todas las leyes, empezando por la ley de gravedad".
Rechazar la realidad, empeñarse en sustituirla por la ficción, negar la existencia vivida en nombre de otra, inventada, afirmar la superioridad del sueño sobre la vida objetiva, y orientar la conducta en función de semejante premisa, es la más antigua y la más humana de las actitudes, aquella que ha generado las figuras políticas, militares, científicas, artísticas, más llamativas y admiradas, los santos y los héroes, y, acaso, el motor principal del progreso y la civilización. La literatura y las artes nacieron de ella y son su principal alimento, su mejor combustible.
Pero, al mismo tiempo, si el rechazo de la realidad desborda los confines de lo individual, lo literario, lo intelectual y lo artístico, y contamina lo colectivo y lo político -lo social-, todo lo que esta postura entraña de idealista y generoso desaparece, lo reemplaza la confusión y el resultado es generalmente aquella catástrofe en que han desembocado todas las tentativas utópicas en la historia del mundo.
Elegir lo imposible -la perfección, la obra maestra, el absoluto- ha tenido extraordinarias consecuencias en el ámbito de lo creativo, del Quijote a La guerra y la paz, de la Capilla Sixtina al Guernica, del Don Giovanni de Mozart a la segunda sinfonía de Mahler, pero querer modelar la sociedad desconociendo las limitaciones, contradicciones y variedades de lo humano, como si hombres y mujeres fueran una arcilla dócil y manipulable capaz de ajustarse a un prototipo abstracto, diseñado por la razón filosófica o el dogma religioso con total desprecio de las circunstancias concretas, del aquí y del ahora, ha contribuido, más que ningún otro factor, a aumentar el sufrimiento y la violencia. Los veinte millones de víctimas con que, sólo en la Unión Soviética, se saldó la experiencia de la utopía comunista son el mejor ejemplo de los riesgos que corren quienes, en la esfera de lo social, apuestan contra la realidad.
El inconformismo que significa vivir en pugna con lo posible y con lo real, ha hecho que la vida latinoamericana sea intensa, aventurera, impredecible, llena de color y creatividad. ¡Qué diferencia con la bovina y sosegada Suiza, donde escribo estas líneas! He recordado en estos días atrozmente plácidos, aquella feroz afirmación de Orson Welles a Joseph Cotten, en El tercer hombre, la película de Carol Reed que escribió Graham Greene: "En mil años de historia, los civilizados suizos sólo han producido el reloj cucú" (o algo así). En realidad, han producido, también, la fondue, un plato desprovisto de imaginación, pero decoroso y probablemente nutritivo. Con la excepción de Guillermo Tell, quien, por lo demás, nunca existió y debió ser inventado, dudo que jamás haya habido otro suizo que perpetrara ese sistemático rechazo de la realidad que es la más extendida costumbre latinoamericana. Una costumbre gracias a la cual hemos tenido a un Borges, un García Márquez, un Neruda, un Vallejo, un Octavio Paz, un Lezama Lima, un Lam, un Matta, un Tamayo, y hemos inventado el tango, el mambo, los boleros, la salsa y tantos ritmos y canciones que el mundo entero canta y baila. Sin embargo, pese a haber dejado atrás el subdesarrollo hace tiempo en materia de creatividad artística -en ese campo, más bien somos imperialistas- América Latina es, después del África, la región del mundo donde hay más hambre, atraso, desempleo, dependencia, desigualdades económicas y violencia. Y la pequeña y bostezante Suiza es el país más rico del mundo, con los más altos niveles y calidad de vida que ofrezca un país de hoy a sus ciudadanos (a todos, sin excepción) y a muchos miles de inmigrantes. Aunque es siempre aventurado suponer la existencia de leyes históricas, me atrevo a proponer ésta: el progreso social y económico está en relación directamente proporcional al aburrimiento vital que significa acatar la realidad e inversamente proporcional a la efervescencia espiritual que resulta de insubordinarse contra ella.
Los quiebraquilos de nuestros días son los millares de jóvenes latinoamericanos que, movidos por un noble ideal, sin duda, acudieron a manifestarse en Porto Alegre contra la globalización, un sistema tan irreversible en nuestra época como el sistema métrico decimal cuando los seguidores del apóstol Ibiapina declararon la guerra a los metros y a los quilogramos. La globalización no es, por definición, ni buena ni mala: es una realidad de nuestro tiempo que ha resultado de una suma de factores, el desarrollo tecnológico y científico, el crecimiento de las empresas, los capitales y los mercados y la interdependencia que ello ha ido creando entre las distintas naciones del mundo. Grandes perjuicios y grandes beneficios pueden resultar de esta progresiva disolución de las barreras que, antes, mantenían a los países confinados en sus propios territorios y, muchas veces, en franca pugna con los demás. El bien y el mal que trae consigo la globalización depende, claro está, no de ella misma, sino de cada país. Algunos, como España en Europa, o Singapur en el Asia, la aprovechan espléndidamente, y el colosal desarrollo económico que ambos han experimentado en los últimos veinte años ha resultado en buena parte de esas masivas inversiones extranjeras que estos dos países han sido capaces de atraer. Los cito a ambos porque son dos ejemplos excepcionales de los extraordinarios beneficios que una sociedad puede sacar de la internacionalización de la economía. (Singapur, una ciudad-estado de tamaño liliputiense, ha recibido en los últimos cinco años, más inversiones extranjeras que todo el continente africano).
En cambio, no hay duda alguna que a países como a la Nigeria del difunto general Abacha, al Zaire del extinto Mobutu y al Perú del prófugo Fujimori, la globalización les trajo más perjuicios que beneficios, porque las inversiones extranjeras, en vez de contribuir al desarrollo del país, sirvieron sobre todo para multiplicar la corrupción, enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres. Nueve mil millones de dólares ingresaron a las arcas fiscales peruanas gracias a las privatizaciones efectuadas durante el régimen dictatorial. No queda, de ello, un solo céntimo, y la deuda externa ha crecido, desde el golpe de Estado de 1992, en cinco mil millones de dólares. ¿Qué magias, qué milagros volatilizaron esas vertiginosas sumas sin que de ellas licuara prácticamente nada a esos veinticinco millones de peruanos que viven hoy la peor crisis económica de toda su historia, con récords de desempleo, hambre y marginación? Aunque parte importante de ellas se derrochó en operaciones populistas, y, otra, comprando armamento viejo con facturas de nuevo, la verdad es que el grueso de aquellos ingresos fue pura y simplemente robado por esa pandilla de gangsters que encabezaban Fujimori y Montesinos y los cuarenta ladrones de su entorno, y reposa, hoy, a salvo, en los abundantes paraísos fiscales del planeta. Peor todavía es la historia de lo que ocurría en Nigeria en los tiempos del general Abacha, quien, como es sabido, exigía a las trasnacionales petroleras que abonaran directamente los royalties que debían al país en sus cuentas privadas en Suiza, cuentas que, como las de Mobutu, raspan por lo visto la vertiginosa suma de unos dos mil millones de dólares. Frente a esos titanes, Vladimiro Montesinos, a quien se le calcula sólo mil millones de dólares robados, es un pigmeo.
La conclusión que se puede sacar de estos ejemplos es bastante sencilla: los perjuicios de la globalización se conjuran con la democracia. En los países donde imperan la legalidad y la libertad, es decir reglas de juego equitativas y transparentes, el respeto de los contratos, tribunales independientes y gobernantes representativos, sometidos a una fiscalización política y al escrutinio de una prensa libre, la globalización no es maldición, sino lo contrario: una manera de quemar etapas en la carrera del desarrollo. Por eso, ninguna democracia sólida, del primero o del tercer mundo, protesta contra la internacionalización de la economía; más bien la celebra, como un instrumento eficaz para progresar. La apertura de las fronteras sólo es perjudicial a los países donde los sistemas autoritarios se sirven de ella para multiplicar la corrupción, y donde la falta de leyes justas y de libertad de crítica permiten a menudo esas alianzas mafiosas entre corporaciones y delincuentes políticos de las que los casos de un Abacha, un Mobutu y un Fujimori son típicos ejemplos.
La lección que habría que extraer de estos precedentes es la necesidad imprescindible de globalizar la democracia, no la de poner término a la globalización. Pero la democracia tiene grandes dificultades para aclimatarse en países reacios, por tradición y por cultura, a aceptar la pobre realidad, el mediocre camino del gradualismo, de lo posible, de la transacción y el compromiso, de la coexistencia en la diversidad. Eso está bien para los plúmbeos suizos, tan pragmáticos y realistas, no para nosotros, soñadores absolutistas, intransigentes revolucionarios, amantes de la irrealidad y de los terremotos sociales. Por eso, en vez de exigir más globalización, luchar, por ejemplo, para que los países desarrollados levanten esas medidas proteccionistas que cierran sus mercados a los productos agrícolas del tercer mundo -una injusticia flagrante-, pedimos menos. Es decir, como el padre Ibiapina, que la rueda del tiempo se detenga, retroceda, y nos regrese al aislamiento y la fragmentación nacionalista que ha llenado a nuestros países de hambrientos y miserables.
Pero, eso sí, pletóricos de riesgo, aventura, novedades, buena música y excelentes artistas.
Diario el país - 2001
miércoles, mayo 20 / Etiquetas: Evolución, Fosil, Google, Humanidad, Noticias
Noticia del dia "¿el eslabon perdido?"
Hoy desperté y encontré la portada de google con la imagen de un hallazgo arqueológico, que, al parecer ha conmocionado a la comunidad científica. Resulta que posiblemente hayan encontrado el eslabón perdido, ese, que tanto dolor de cabeza ha generado…Las noticias del mismo han rebotado en los principales diarios del mundo. Como no podría ser de otra forma, los portales hispanos informan.
20 minutos.es: Aseguran haber encontrado el 'eslabón perdido' de la evolución humana.
Un equipo de científicos han presentado al mundo el esqueleto fosilizado de un mono con rasgos parecidos al de los actuales lémures de 47 millones de años de antigüedad que podría ser el eslabón perdido de la evolución humana. El fósil, al que han llamado Ida, ha sido presentado en Nueva York. El descubrimiento del 95% del esqueleto de un mono-lemur ha sido descrito por los expertos como "la octava maravilla del mundo", y consideran que se ha completado la búsqueda de una conexión directa entre los humanos y el resto del reino animal que inició Charles Darwin hace 200 años con la Teoría de la Evolución.Nacion.com: Científicos hallan el eslabón entre humanos y lémures
Científicos estadounidenses y europeos creen haber encontrado el antepasado común entre dos subórdenes de primates, del cual descenderían tanto los seres humanos como los lémures. Este “eslabón perdido” vivió hace unos 47 millones de años y la importancia de su descubrimiento radica en que se encuentra en el punto de la evolución antes de que se dividieran las ramas que condujeron a simios y seres humanos por un lado (el suborden Haplorrhini ) y a los lémures por otro (el suborden Strepsirrhini ).La tercera: Identifican a fósil de primate como el eslabón perdido
Un equipo de investigadores presentó hoy un fósil de 47 millones de años que podría revolucionar la comprensión de la evolución humana. Este, sería el ancestro humano más antiguo conocido hasta ahora y es 20 veces más antiguo que la mayoría de los restos que se han encontrado y que han sido relacionados con la evolución. El fósil -denominado científicamente como Darwinius masillae, pero bautizado como Ida-, está conservado casi de manera intacta y sólo falta el 5 por ciento de su estructura.El pais: El eslabón perdido en la evolución
Ida tiene 47 millones de años pero se conserva muy bien para su edad. "Es el fósil de primate más completo que se ha encontrado nunca", explica el grupo de científicos que ha presentado este martes en el Museo de Historia Natural de Nueva York los restos de una hembra joven que, aseguran, podría ser el "eslabón perdido" de la evolución antropoide. La presentación de Ida, realizada por el canal de televisión temático History junto con un grupo de científicos de del Instituto de Investigación Senckenberg de la Universidad de Oslo, se produce un día antes de la incorporación del fósil a la exposición sobre los más grandes y pequeños mamíferos de la historia que realiza el museo neoyorquino.el comercio: Presentan fósil que sería el eslabón perdido.
En Nueva York fue presentado un fósil de primate, de 47 millones de años, que según se cree sería parte de los ancestros comunes de todos los simios y humanos. El fósil, descubierto en Alemania hace 26 años por coleccionistas privados que lo dividieron en dos partes y lo vendieron, fue rearmado por un equipo liderado por el experto noruego Jorn Hurum. La investigación fue publicada ayer en la versión web de “Public Library of Science”. Asimismo, el anuncio del descubrimiento se realizó en el Museo de Historia Natural y el próximo lunes el canal de televisión History Channel emitirá un documental al respecto en EE.UU.Foto del Darwinius
miércoles, mayo 13 / Etiquetas: Amazonia, Indigenas, Lucha
Salvemos la Amazonia
Desde la segunda semana de abril, los pueblos amazónicos están nuevamente en pie de lucha pidiendo la derogatoria de los decretos legislativos que amenazan la propiedad colectiva de las tierras de las comunidades y a la vez entregan grandes extensiones del territorio amazónico... al saqueo y la contaminación de las empresas petroleras y mineras.El gobierno de García, apoyado en un premier que supuestamente defendía derechos humanos y la justicia social; de un ministro ambientalista que supuestamente protegería la selva y las comunidades que en ella habitan, y contando con aquella libertad de prensa que le permite que la huelga amazónica no sea conocida por la inmensa mayoría de ciudadanos del país; arremete brutalmente contra los pueblos amazónicos dando una señal clara de que los pocos electores que ellos le representan son absolutamente prescindibles, mientras, claro está, los presidentes regionales de Amazonas, San Martín, Loreto e Iquitos y los frentes de defensa de esas regiones no se sumen solidariamente a las justas protestas de los pueblos amazónicos (¿Les han hecho promesas de gasto público o les han ofrecido favores que a lo mejor nunca llegarán?)
El día siete de mayo, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, el mismo que no sirve para acabar con la racha de muertes en las carreteras y vehículos super contaminantes en las ciudades, se vuelve milagrosamente eficiente para fiscalizar pequeñas emisoras de radio y cerrarlas (como Radio Libertad en Atalaya)[2] que son de las pocas que en la selva informan la verdad de lo que está pasando y que el gobierno no quiere que se sepa: que todos los pueblos amazónicos están solidariamente luchando por defender sus territorios y la selva, no solo para preservar su propiedad colectiva y la calidad de sus aguas y suelos tan dañados por las petroleras, sino protegiéndonos a todos los habitantes del planeta al buscar que en la amazonía se desarrollen actividades que, en primer lugar, garanticen el derecho a existir que tienen los pueblos que milenariamente la han habitado y que, en consulta previa, libre e informada con las comunidades se decida qué actividades económicas son las más convenientes para su propio desarrollo y el del país que, por supuesto, es mucho más que el solo crecimiento económico y las coimas que éste permite en las más altas esferas de gobierno.
El día ocho de mayo, a través de comunicados de los misioneros oblatos que sirven a las comunidades del Río Napo se supo rápidamente que acorazados de la Marina de Guerra arremetieron contra las débiles canoas de los nativos que habían puesto un cable sobre el río para impedir que embarcaciones petroleras navegaran por él. ¡Sin duda, no es esta la valiente marina de Grau que hace naufragar canoas y no auxilia a los propios compatriotas hundidos! ¿Tanto daño le hace a nuestra marina estar comandada por un presidente soberbio que califica a los hermanos amazónicos como “perros del hortelano”?
El sábado nueve de mayo, el presidente García ha decretado el estado de emergencia en casi toda la Amazonia, y el día de ayer, día de la madre, ordenó que a los nativos awajun y wampis que protestaban en el puente de Corral Quemado en Bagua Grande, les sacaran literalmente “la madre”.[3] Un fuerte contingente policial de la DINOES (la misma que no ha sido capaz de impedir el rebrote terrorista y su juego en pared con el narcotráfico) masacrara a civiles peruanos que no portan fusiles sino rudimentarias flechas y lanzas.
¿Puede un gobierno que defiende a rajatabla una política económica, éticamente inicua, estar por encima del fin supremo del Estado que es la persona humana (Artíc. 1 de la Constitución)?
Los ciudadanos de un país democrático creíamos que no. Sin embargo, lo que está ocurriendo en la Amazonía nos demuestra lo contrario. Ya no solo las voces de los principales líderes amazónicos es ignorada, sino también la de los obispos de Yurimaguas, Jaén, Pucallpa, San Ramón, Puerto Maldonado, Requena, Moyobamba e Iquitos quienes han solicitado una solución justa y respeto para los pueblos amazónicos.[4] Aunque esta vez más cauto, García aun no los ha tildado de “falsos cristos” como lo hizo con los obispos del norte del país cuando se solidarizaron con la justa lucha de los comuneros con el proyecto minero en Majaz.
¿De qué manera debería entonces amplificarse esas voces para que no sean acalladas y se imponga la política del perro del hortelano en la Amazonia? Tenemos dos caminos: Uno institucional, y menos costoso en términos sociales, es que la Comisión de Constitución del Congreso declare la anticonstitucionalidad de los DLs del Ejecutivo y proceda a su inmediata derogatoria. Y otro camino, social y políticamente impredecible, que los movimientos sociales regionales, con sus presidentes regionales a la cabeza se pongan de pie para decir: ¡Basta! y devuelvan al país la decencia y la soberanía que un Ejecutivo y un Congreso pusilánimes no son capaces de cautelar.
Sin embargo, la elección de uno u otro camino está en manos de liderazgos responsables que no pueden seguir actuando con temor. No todo está perdido en el Congreso, no todos los congresistas son una manada de otorongos, esta es una oportunidad para responder al mandato popular que los eligió y reivindicarse como un auténtico poder del Estado, en vez de una simple mesa de partes de un gobierno autoritario y corrupto. También creemos que los presidentes regionales de Iquitos, Loreto, Madre de Dios, Amazonas y San Martín no pueden acobardarse frente a las leyes de García que criminalizan su participación al lado de reivindicaciones justas de sus pueblos. Los presidentes regionales, deben saber que el que otrora dio leyes abusivas, creyéndose todopoderoso, hoy purga prisión precisamente por violaciones de derechos humanos. Esa hora también podría llegarle a un presidente que desprotege los derechos de las poblaciones de la Oroya, Cerro de Pasco, Choropampa y Madre de Dios que están siendo envenenadas por las mineras; que desprotege a los hermanos de la Amazonia a quienes la deforestación, las petroleras, las mineras y el narcotráfico les dejan sin tierra, sin agua limpia, amenazando las bases materiales de su propia existencia.
¡Alto a la violencia institucionalizada!
¡Salvemos la Amazonia!
Por: Marco Arana Zegarra. - Fuente: Mapuexpress
lunes, mayo 11 / Etiquetas: Amazonia, Caoba, Cuentos, Relatos
La sillita de caoba
Los del caserío apostado a la orilla del Ucayali no saben qué pensar de la anciana de la sillita. Algunos creen que es una loca, otros que solo es una mujer triste. Sea como sea, no ha causado problemas a nadie, en los más de setenta años que lleva viviendo allí no se han metido con ella. Solo algunas mujeres que cultivaron la dedicación a su servicio durante años le hicieron compañía. Otros que trataron de acercarse se encontraron con una barrera impenetrable, su indiferencia.
Durante veinticinco años se relacionó con doña Inés Martha Tapullima Silvano, quien le llevaba la carne del monte, el pescado y el arroz que necesitase; limpiaba la casa, lavaba la ropa, etc. En otras palabras se ocupaba de ella. Una noche doña Inés Martha Tapullima Silvano se acostó a dormir y no despertó nunca más. Luego su hija que paso a ser doña Martha Olinda Gómez Tapullima pasó a ocupar su lugar, y durante veintiocho años cumplió aquella labor con dedicación y amor, hasta que una madrugada su cuerpo sucumbió a la fiebre dejando a su hija, que paso a ser doña Olinda Lucía Caritimari Gómez a cargo de la señora y su sillita de caoba. Fueron diecisiete años en los cuales doña Olinda puso todo de sí para atender a la enigmática – ahora – anciana que poco hablaba y nada decía. Un día mientras lavaba la ropa sintió un dolor en el pecho y cayó enferma. Sabiéndose cercana a la muerte mando a llamar a su hija Lucía Manuela Ramírez Caritimari (que aún no es doña) a quien no veía en más de quince años.
Lucia Manuela Ramírez Caritimari regresaba de clases cuando recibió la noticia. Durante un día y una noche pensó en qué hacer porque era de su conocimiento el pasado de las mujeres en la familia. Fue por ese motivo que su padre Don Juan Carlos Criollo Ramírez Godoy la llevó a vivir a Iquitos, porque por alguna extraña razón las mujeres de la familia terminaban al servicio de la ahora anciana. Viendo el futuro que le esperaba a su pequeña hija la tomó en brazos, una madrugada en que los gallos dejaron de cantar y dejó el caserío para nunca más volver. La cuidó lo mejor que pudo pero hace dos años fue en un viaje por el indomable río Amazonas del cual nadie regresó. Estando sola y con el recuerdo de su madre aún vivo en su mente, Lucía Manuela Ramírez Caritimari arreglo sus cosas dispuesta a saber la verdad, cual sea esta.
El Ucayali no causó mayores problemas del que puede causar un rio corrompido por el ruido del motor de las surcantes lanchas decoloradas. La joven agobiada por los pensamientos de la madre que se desocupó de ella a los dos años para atender a una anciana loca y quebradiza, y ahora enferma, consumían las horas en que los delfines aplaudían la travesía. Llegó al caserío sin mayor recibimiento que los murmullos de los vecinos chismosos de oficio. Antes de ver a su madre pasó por la casa de la anciana casi sin darse cuenta, observó las toronjas que rodeaban la vivienda deseosa de cruzar miradas con la anciana, o al menos ver la sillita de caoba inmortal; no obtuvo mayor suerte que el saludo de la toronja madura cayendo a la tierra fangosa. La lluvia empecinada en acelerar los pasos de los humanos hizo que la joven acelerara los pasos entre las trémulas casas de madera y techos de irapay.
Acostada boca arriba y respirando a duras penas, doña Olinda Lucia Caritimari Gómez observa a su hija posarse empapada a su regazo. Se esfuerza por dibujar una sonrisa y extiende los brazos hasta donde la naturaleza le permite, pero no obtuvo mayor respuesta que la indiferencia. Existía en ese momento una barrera invisible que mediaba las palabras. Mientras la moribunda intentaba no parecer moribunda, más bien llena de vida, insistía en contentar a su retoño de ahora diecisiete años. La joven que no aprendió a quererla pero tampoco a odiarla, permanecía impaciente escuchando la lluvia devorarse el caserío. Cuanto mayor era el tiempo en silencio mayor era el sentimiento de aflicción ante la madre enferma y ante la hija indiferente. Solo cuando la tos flemosa corrompió el momento fue que doña Olinda Lucia Caritimari Gómez chasqueó los dientes, tragó la flema verde y amarga y trató de soltar algunas palabras que zozobraban al intentar escapar de sus pálidos y partidos labios:
- Cuida de la anciana después de me haya ido y hazlo hasta que ella me alcance.
Lucia Manuela Ramírez Caritimari arrugó la frente, se puso de pie, agarró las cosas que no desempacó en ningún momento y abrió la puerta dejando pasar los vientos de la lluvia.
- Incluso antes de morir te preocupas de ella antes que de mí…
Lucía Manuela Ramírez Caritimari supo que no obtendría mayores respuestas en la casa de la moribunda madre que en la casa de las toronjas maduras. Se quitó las zapatillas empapadas, ahora pesadas, y caminó veloz ante la mirada atenta de los moradores. La anciana sentada en la sillita de caoba observaba la lluvia devorarse el caserío.
- ¡¿Por qué he de cuidar de ti?! – preguntó la joven a viva voz.
Las toronjas se sacudían con el viento impetuoso. La anciana dirigió su atención ante cuerpo de la muchacha flagelado por las aguas. Y aunque era alcanzada por las mismas aguas flagelantes, sonríe como recordando una escena del pasado y abre los labios dejando ver los pocos dientes que le quedan.
- Es curioso, cuando conocí a tu madre me preguntó lo mismo… – comenta mientras hace rechinar la sillita acomodando la cabeza hacia las nubes oscuras en el cielo de la tarde – mira, el firmamento llora por la partida de doña Olinda Lucia Caritimari Gómez, la que se compadeció de esta decrépita mujer.
Lucia Manuela Ramírez Caritimari sintió y no sintió deseos de preguntar nada por el momento. La figura enigmática de la anciana de la sillita de caoba la llevó a pensar, creer, o entender que las respuestas no vendrían en ese ahora más que en un posible después. Aún con el ceño fruncido se aventuró a entrar en la casa de las toronjas maduras y observó los platos sucios, la cama desordenada y los pisos sin barrer. Se acercó a la anciana de la sillita de caoba y del medio corazón.
- Entra, anciana, y cámbiate las ropas, que el firmamento llora por mi madre y no por enfermarte.
jueves, mayo 7 / Etiquetas: Cuentos, El viaje, Narración, Relatos
El viaje (Parte VII) - Final
Estamos por llegar a Nauta y que es lo mismo el final del viaje. Yo un hombre de 25 años cansado del trabajo y de la escuela trata de sobrevivir con todos las preguntas que me atormentan a diario y que me volvieron un ser aburrido y deprimido. Ella, una joven increíblemente hermosa de lo que no se sabe absolutamente nada. Al entrar a la ciudad sientes en ese preciso momento el deseo de extrañar a Iquitos. Nauta es pequeña con muchas colinas y calles angostas. Se puede recorrer la ciudad en 15 minutos sin contar los caseríos apostados a lo largo del rio Marañon. Aquel rio indomable propio de la gente que sobrevive por estos lares. La gente es sencilla, complaciente y acostumbrada a la vida simple sin mayores altibajos. Es cierto que el vicio y el sexo llego y se estableció en este lugar pero no se compara a la perdición de los días y noches de la ciudad más importante de la Amazonia peruana.
La lluvia no cede ni un solo momento como tampoco su deseo de enfermarnos, cae sobrepasando las expectativas y ruge furiosa en la oscuridad de los cielos. Casi las tres de la mañana. Yo pensaba en que debíamos encontrar un lugar para descansar. La estación es un hospedaje pequeño de cuartos pequeños y gente pequeña. Recorremos sus pasillos hasta la puerta de madera delgada y pienso en lo que puede ser y será, dependiendo de mis intenciones y de lo que ella piense. Y cuales pueden ser mis intenciones si no es el del placer sexual, después de todo viajamos 96 km donde vi y escuche cosas que dejaran huela en mi vida venidera. Como hombre sentí deseos de coronar la aventura de manera tal que cuando se la cuente mis amigos y ellos pregunten “¿te la tiraste?” yo pueda afirmarlo sin entrar en detalles. Seré un ordinario pero no un cretino.
Ella se sentó en la cama secándose el cabello que lucia glorioso y un calor crecía en mi. De pie escurriendo la humedad de mis ropas la observo sin saber que movimiento hacer. Mi mente divagaba entre las palabras y las acciones a tomar. Un mar de dudas reflejado en mis ojos que trataban de mantenerse abiertos. Consumidos por el cansancio contemplamos nuestra humanidad a la vez y los minutos transcurrieron escuchando la lluvia inundar las calles. Ella despertó del sueño aparente y comenzó a desnudarse.
- Desnúdate también – no podía creer lo que escuchaba. Solo pude reaccionar con la obediencia.
El cuerpo de la mujer es lo mas hermoso del mundo. Era lo mas bello que había visto en mi vida. Las sombras que jugaban con cada espacio de su cuerpo, su piel destellando ante mis ojos, sus pechos derrochando sensualidad. En ese momento no podía creer que criatura mas perfecta pudiese existir. Mi desnudez me avergonzaba, sentía tristeza de no causarle la mismos sentimientos a ella de tal forma que no pudiese apartar los ojos de mi. Camine lentamente deseando que nada reclamase el momento y lo hiciese desaparecer. Aun con lo patético que puedo llegar a ser quería que fuera mi momento, el que pueda recordar toda la vida. Aun si mañana formara una familia, tuviera nietos y la muerte me alcanzara como a todos, como ninguno quería guardar un recuerdo inolvidable.
Ella se acostó en la cama invitándome con sus gestos a hacer lo mismo. Asistí a la reunión y nuestros cuerpos se rozaban necesariamente. Entonces se acurruco en mi pecho como si necesitara protección, mis brazos rodearon su cuerpo con gentileza. Era el momento cumbre de mis emociones, quería besarla, hacerla mia, disfrutar de su calor tanto que nunca olvidar tal sensación. Trate de acercar sus labios a los mios y antes de que pudiera hacer algo ella me miro con ojos llenos de alegría.
- Gracias, por compartir estos momentos conmigo. Quiero que sepas que jamás te olvidare – cerro los ojos y poso su cabeza en mi pecho nuevamente.
No sabia que pensar. De alguna forma sentí que el momento era tal que no necesitaba mas para conservarlo en mi memoria. La vi por un momento hasta saberla dormida, entonces con una inmenso sentimiento de alegría lentamente cerré los y desfallecí al final del viaje a su lado.
Los primeros rayos solares caían sobre la ciudad y los pobladores se apostaban en los mercados como siempre lo hacían. Al abrir los ojos el calor de su cuerpo había desaparecido, su esencia, el olor de sus cabellos, el color de sus ojos, la fascinación de sus labios…. Ella no estaba en ningún rincón de la habitación pequeña como caja de muñecas. Sentí una punzada en el corazón, no esperaba que termine de esta manera. Cuando me puse de pie y me acerque a la puerta, una nota escrita en un pedazo de papel esperaba paciente: “De verdad gracias”
Este es el final de mi viaje, de nuestro viaje. Un viaje inesperadamente mágico, memorable y grandioso. Ella, de quien no sé ni su nombre que en mi infinita torpeza no me atreví a preguntar (y a ella no le intereso descubrir el mio) tal vez se convierta en el ángel de mis recuerdos. No importa lo que haga en el futuro o las personas que conozca, siempre la recordare y recordare cada uno de los kilómetros que recorrimos hechizados una noche mitad iquiteña, mitad nautina. Cuidadosamente me despido de la habitación, sonrió, me siento vivo, la realidad me espera.
Los rayos del sol esperan impacientes a la salida del hospedaje, la mujer sonríe esperando que le de las llaves de la caja de muñecas donde dormimos. No pude resistirlo y tuve que preguntar.
- Señora, ¿sabe a qué hora se fue la señorita que vino conmigo? – pregunte.
- ¿Señorita?... ¿cual señorita? – respondió la mujer aun en piyamas.
- La que llego conmigo ayer… - respondí seguro de lo que hablaba
- De que habla joven, usted llego ayer solo – repuso la mujer.
- No eso es imposible, yo vine con ella, los dos nos hospedamos aquí – no entendía lo que estaba pasando.
- Joven, yo lo vi llegar en su moto todo mojado y le di una habitación personalmente, usted estaba completamente solo, estaba muy sucio y parecía muy cansado – en ese momento saque la nota que ella me dejo y se la enseñe.
- Mire, incluso me dejo algo escrito, no puede ser que no la haya visto – la mujer examinó el pedazo de papel y respondió.
- Joven, esto está en blanco…
Mis piernas flaquearon y caí en un sueño profundo. Un seño que me transporto entre las personas memorables que conocí esa noche. El rostro de ella aparece sonriente, trato de alcanzarla, de saber su nombre, pero se vuelve inalcanzable con cada paso que doy. De pronto gotas caen sobre mi rostro, abro los ojos y la lluvia arrecia sobre mi.
Allí me encontraba, sentado en una banca de la plaza de Armas de Iquitos, el lugar donde todo comenzó…
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El viaje (Parte I)
El viaje (Parte II)
El viaje (Parte III)
El viaje (Parte IV)
El viaje (Parte V)
El viaje (Parte VI)
martes, mayo 5 / Etiquetas: Cuentos, El viaje, Narración, Relatos
El viaje (Parte VI)
Las noches de Iquitos son coloridas pero muchas veces tristes como las memorias de los chaucheros que sobreviven descomunales cargando plátanos en los puertos; noches que disimula muy bien la melancolía entre risotones desproporcionados y culos firmes de mujeres que ensañan mucho al sol y demasiado a la noche. Esto es lo mas lejos que se puede ir desde Iquitos que no sea por rio, Porque los ríos nos transportan al resto del universo peruano, tan diferentes a la tierra del sol perpetuo.
la noche sobre mi cabeza no es de Iquitos, es un mundo diferente. Es el cielo de Nauta, aun si nos falta muchos kilómetros para llegar en este momento me encuentro mas cerca al Marañón que al Amazonas. Ríos magníficos que serpentean la inmensidad de la selva seguros de si mismos, si fuesen humanos que deambulan por las calles no caerían fácilmente bajo el hechizo de una bella joven que los reta a seguirlos sin ningún sentido. Yo no soy un rio que se desborda a veces o que incluso aleja al imponente mar por muchos kilómetros lejos de la orilla. Solo soy un riachuelo que de vez en cuando abre nuevas trochas pero casi siempre se estanca en el mismo lugar.
La silueta de la joven hacia reaccionar mis sentidos y mis instintos lascivos despertaban con la perfección de su cintura. Penaba que tal vez después de tanto andar a su lado ella detuviese la marcha del motor, se pusiera de pie enfrente de mi y desnudara su cuerpo deleitándome de tal forma que mi único y absoluto pensamiento fuese hacerla mía. Imagino que no es cosa de ser iquiteño para sentir el ardor de la lujuria naciente y apabullante que toma posesión de uno. Se puede ser de Hokaido, Bohemia, Sofía o Londres y aun así sentir la misma necesidad de ser uno con aquella celestial figura. Mis manos no pudieron evitar actuar por si solas y sin que mi mente pudiese apropiarse nuevamente de mi cuerpo la abrace con todas mis fuerzas deseando que ella sintiese toda la pasión desbordada y lista para ser entregada. Su reacción fue una fría mirada de reojo y el aumento del sonido del motor. Estaba desconcertado, no entendía si estaba molesta, incomoda o complaciente con mi proceder. Con tal libertad otorgada en silencio disimule mi mano sobre sus pechos y mis dedos jugaron a placer. Pero ella no reacciono.
Seguí por unos minutos con tal excitante tarea que sentí deseos de obligarla a detenerse y proseguir sin contemplaciones en la hierba. Mis manos siguieron su placentero ajetreo hasta que no pude mas y le implore a los oídos.
- Detén la moto – ella respondió de inmediato.
- ¿Para que? - y proseguí como poseído.
- Quiero hacerte el amor.
Casi de inmediato el cielo nos recordó donde estábamos una brisa muy fría arremetió contra mi ser obligándome a temblar hasta los huesos. Entonces sentí como si la selva me acorralara juzgando mis acciones, mis pensamientos y mis deseos. La noche se volvió mas negra tanto así que ella desapareció de mi vista y solo sus palabras daban constancia de su existencia.
- No existen en este mundo un hombre que anteponga la pasión desmesurada por encima de el amor a la vida. No importa a cuantos viajes me exponga siempre me topare con seres que quieran privarme de los mágicos omentos que significan ser nada. Tu aunque parecías diferente te sometes a las mismas reglas que no te dejan gozar del momento sin caer en ajenas tentaciones. Ni siquiera te dignaste a pedirme permiso. Tan solo pensaste que yo estaría de acuerdo de tus intenciones como si mi opinión poco bastase. Mírate a ti mismo y dime si estuvieras en mi lugar que harías, si llegas a ser sincero entonces mi propio cuerpo será sincero contigo – no supe que decir, solo me deje llevar.
- Detén la moto que sinceramente quiero poseerte.
Por un segundo pensé que existía una posibilidad que así pasara. Pero nada sucede de la forma que esperas y tan solo se acerca un poco a lo que anhelas. De repente pude verme a mi mismo sacudido con fuerza y caer violentamente al suelo. La moto dio unos vuelcos en el aire y se detuvo aun con las luces encendidas alumbrándola a ella acostada en la hierba.
Por un momento no quise pensar en nada mas. La completa oscuridad del cielo me llevaban hasta los confines del universo. No el universo poblado de astros y galaxias como uno suele imaginar si no uno en completa oscuridad donde nada existe y nada existirá. Pude estar así por horas hasta que la lluvia ayo con fuerza como si tratase de volverme en sí. “Hay sangre en mi boca” pensé mientras trataba de volver a la realidad. Entonces mis pensamientos se dirigieron a ella, en la posibilidad de que se encuentre lastimada. De pronto pude ver su cuerpo alumbrado por la luz artificial y sentí miedo, mucho miedo. Me puse de pie y no le hice caso al dolor en mi pierna. Me acerque rápidamente hasta donde se encontraba al instante que se extinguió nuestra única luz y no pude ni mi propia mano a centímetros de mi cara. A sacudí levemente tratando de volverla en sí.
- Nos detuvimos como deseabas, y para que, solo para que tus deseos se escurran junto a la lluvia y termines lastimado. Debes aprender a diferenciar lo que es importante en un momento y en otro. Eres responsable de tus actos, tienes que saber aprovecharlos – se pone de pie sin que pudiese responder, la lluvia esconde los sonidos de sus pisadas y solo el sonido de su voz me indica donde esta – se sincero contigo mismo, siempre. No caigas en pensamientos egoístas. Abre los brazos y grítalo con fuerza. ¡Eres el dueño de tu vida!
- ¡Soy el dueño de mi vida! – grite con todas mis fuerzas en la completa oscuridad, no se porque pero grite… una y otra vez hasta que mi voz perdió fuerzas y mis piernas flaquearon.
- Así tiene que ser, es como debe ser. Abre los ojos y veras como la oscuridad se esfuma. Podrás ver el mundo tal y como es.
Miré hacia el cielo y pude ver las gotas cayendo kamikazes sobre mi, pude ver los arboles siendo sacudidos por el viento de madrugada, pude ver mi sangre escurriéndose en mi ropa, pude verla a ella sonriéndole a mi alma.
Me acerqué a la moto tratando de encenderla. Nunca el ruido del motor fue tan significativo. Me aferre al volante y al verla ya no era solo un cuerpo que despertaba mi carne, era la mujer más magnifica de la tierra.
- Sube, terminemos el viaje…
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viernes, mayo 1 / Etiquetas: Cuentos, El viaje, Narración, Relatos
El viaje (Parte V)
La gente que nos observa recorrer la carretera (como luciérnagas a la orilla del rio) se deben preguntar que es lo que hacemos como yo me pregunto que hacen a estas horas. En realidad no sabemos lo que hacemos, nunca tenemos dirección mas que la que nos dicta el instinto. Pero ni siquiera estoy seguro de llamar a esto instinto. El hombre del dinero parecía tener un rumbo. Es tal como los demás esperarían de él y aunque odiemos ser lo que los demás esperan de nosotros no podemos evitarlo. La familia espera tanto de uno que no se detienen a pensar que es lo que uno espera de sí. No los culpo… ellos pasan por lo mismo, conocen la incertidumbre de no saber, por eso aquella actitud.
Km 51 aunque el cielo sigue nublado y las estrellas no nos complacen con su belleza siento que la madrugada aun tiene mucho que ofrecer con su sonidos nocturnos, el viento tranquilizador y la sonrisa del bosque. Porque aunque el bosque es una masa oscura de siluetas altas e inconstantes aun puede sentirse la magia detrás de cada ser vivo que nos observa disimulado. Todo eso me transporta a otro mundo, no estoy en una motocicleta con una chica que no conozco viajando de madrugada, estoy volando sobre el vacio sin sentir miedo alguno ni duda que desbarate mis sueños. Estoy exactamente donde debo estar… al menos eso quiero creer.
Recuerdo que de niño vi unos cuadros preciosos en una exposición de arte en la plaza de Armas. Mi hermano me llevo junto a su novia con la excusa de parecer intelectual ante ella. De esa vez quede atrapado en el arte. Muchas de esas imágenes reflejaban estados de ánimo que me sentía incapaz de decir con palabras. Recuerdo que uno de los cuadros llamo mi atención más que el resto. Eran tres niños jugando con los trompos en plena calle bajo el ardiente sol; alegres, despreocupados, felices. Pero atrás de ellos estaba un niño sosteniendo un trompo sin atreverse a acercarse. Tenia el rostro tímido y pensativo como si no estuviese seguro de que hacer. No pude dejar de sentirme identificado con el niño, pensativo y lleno de dudas. No saber si atreverse a jugar o no. Realmente estaban plasmado en ese dibujo los sentimientos que algunos llegan a sentir pero no pueden describir.
Hablo de arte porque cuando cruzábamos el puente que cruza el Rio Itaya (a la altura del km 56) vimos ante nosotros al tercer personaje memorable de nuestro viaje. Era una muchacha de cabellos largos que apoyando el cuaderno en el barandal trataba de dibujar en total oscuridad. Me pareció curioso y le pedí a ella que detuviera la motocicleta. La luz del faro de la moto mantuvo su figura visible ante nosotros.
- ¿Qué haces amiga? – pregunte tratando de ser amable. Ella ni siquiera presto atención en mí. Volví a preguntar – ¿Qué haces amiga? – pero fue como si no me escuchara. Me acerque un poco mas y en su cuaderno había un bello bosquejo del rio. Me pareció precioso. Mire alrededor y estaba sumido en las sombras. No entendí como pudo dibujar aquello.
- ¿Quién eres? – pregunta ella sin dejar de mover el lápiz y sin voltear a vernos – ¿qué es lo que quieres?.
- Solo somos dos almas que pasaban por acá y nos detuvimos a verte dibujando en soledad – responde ella con completa tranquilidad.
- ¿Dos almas? Ya entiendo… Si te das cuenta que estoy dibujando para que preguntarme qué es lo que estoy haciendo, no tiene sentido – me sentí ligeramente avergonzado. No se me ocurrió mas que preguntar.
- ¿Vives por acá cerca? – nuevamente sin dejar de mover el lápiz al compas de nada mas que la propia inspiración y ni siquiera voltear a vernos respondió.
- Qué importancia tiene saber donde vivo. De que manera podría afectarte saber o no saber donde esta mi casa mas de lo que te afecta estar de pie en este puente sin saber nada de mi – por un momento no supe que responder ante aquello pero salió ella en mi auxilio.
- ¿Porque dibujas en la oscuridad, no seria mejor en plena luz del día? – pregunta acercándose lentamente.
- Que diferencia hay entre el día y la noche. El mundo es el mismo, tan solo importa como lo percibas o incluso lo recuerdes. Las cosas que suceden, las que están a tu alcance y lo que puedes palpar, todo ello conforma el mundo ya sea de día y de noche – pero ella replico.
- Puede que sea cierto pero para lograr el dibujo que exprese todo eso necesitas poder ver lo que dibujas y poder ver hacia dónde dirigir el lápiz. Hacerlo en la oscuridad solo te complica las cosas.
El puente era un lugar tenebroso, tétricamente desolado; como si estuviésemos encima de un profundo abismo y las aguas que corren debajo de nuestros pies fuerzan los lamentos de los acaecidos. La madrugada arrastra consigo un viento perturbadoramente frio y escalofriante. Sentía todo mientras no retiraba los ojos de su frágil figura. Entonces se detuvo. Dejo de dibujar como lo venia haciendo y lentamente giro la cabeza hacia nosotros. Al verla me sentí desconcertado, no sabía que pensar…
- Le dices eso a una ciega… – tenía los ojos blancos como algodón. Sentí que tal revelación me empujaba de espaldas hacia el suelo – Si fuera cierto lo que dices yo tendría que haber abandonado mi pasión hace mucho, rendirme ante las reglas del mundo que siempre tratara de dictar la manera de actuar y de pensar.
- No fue mi intención ofenderte, no me di cuenta que eras ciega – responde ella. Yo sentía lo mismo.
- No te preocupes, se que no lo hiciste a propósito, tus palabras son sinceras – sonríe levemente – solo recuerda lo que has aprendido esta noche.
- Así lo haremos – respondí.
- Ahora debo pedirte que te vayas. No es nada personal solo me gusta dibujar solas – nos despedimos rápidamente para no molestarla mas y subimos a la moto de inmediato dejándola a solas con el arte. Me sentí muy bien al conocerla, saber que existen personas así en este mundo me llenan de satisfacción.
Antes de cruzar el puente como palabras de despedida ella nos grito algo que quedara en mi memoria para siempre.
¡No dejes que el mundo te diga como pensar…!
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jueves, abril 30 / Etiquetas: Gripe Porcina, Humor, Tiras Comicas
Un poco de humor H1N1
En medio del miedo en la población por la gripe porcina y todo eso, vale un poco de humor para calmar los nervios. Genial la tira del maestro Liniers asi como de JRmora. Otros fueron recogidos de Lanuez que asi mismo lo recogió de no se donde…






martes, abril 28 / Etiquetas: Amazonia, Articulos, Iquitos, Viajes
elmundo hablando de Iquitos
El nacimiento de un río mitológico
Por: Rafa Perez
Contaba Vargas Llosa que a Pantaleón Pantoja lo recibe el calor cuando lo envían a Iquitos con la misión de organizar un grupo de visitadoras para los soldados que se encontraban en la frontera. Efectivamente, es el calor el que da la bienvenida nada más descender por la escalerilla del avión y el que se convertirá en inseparable compañero de viaje.
FIEBRE DEL CAUCHO.
Iquitos es una de esas ciudades a las que se las quiere desde siempre. Ciudades de esplendoroso pasado, generalmente relacionadas con algún tipo de fiebre, en este caso la del caucho, y que viven un periodo de decadencia que las lleva a hacer de su necesidad virtud. Paseando por sus calles uno encuentra difícil explicar en qué reside ese encanto que atrapa.
Quizás se deba a ese aislamiento que todavía hoy la mantiene sin conexión terrestre con el resto del país. Aislamiento que dio a la ciudad su eclecticismo constructivo y ornamental. A finales del siglo XIX, cuando dio comienzo el auge del caucho, era más fácil llegar a Europa que a Lima. Los patrones vieron un nuevo 'El Dorado' en la explotación del caucho y, esta vez sin exégesis bíblicas, se lanzaron a la exploración de la selva en busca de ubérrimas tierras. Los barcos llegaban de Europa con materiales de construcción, grifería y las mejores telas para sus ropas. Bebían caros licores y lapidaron fortunas con la misma rapidez con la que las habían amasado. De aquella época queda la Casa de Hierro, diseñada por Eiffel, y el modernista Hotel Palace.
La historia del caucho en Loreto, el departamento del que es capital Iquitos, no está exenta de épica. La necesidad de conectar el departamento de Madre de Dios con Iquitos para luego alcanzar Manaos y, desde allí, el océano Atlántico lleva a Carlos Fermín Fitzcarrald a emprender la búsqueda de un istmo que facilitara dicha comunicación. El huaracino acometió la extravagante empresa de hacer navegar la embarcación 'Contamana' por la montaña.
Hoy las embarcaciones navegan por donde deben. No hay que olvidar que Iquitos es el principal puerto fluvial de la amazonía peruana, una ciudad con los pies en el agua. El mercado de Belén, a orillas del río Itaya, es buena prueba de ello además de una interesante experiencia sensorial. Una mezcla de olor a barro, madera húmeda y exóticos productos pone alerta el olfato. El mercado bulle de actividad. Pasan enormes manojos de plátanos con hombre debajo, un resbaladizo paiche que, aún muerto, parece querer volver al río, diseccionan caimanes, los caracoles son como puños, hay roedores como el añuje y frutas con colores aún no catalogados. Todo es posible en el mercado donde las doncellas tienen escamas. Las raíces y cortezas son otro de los atractivos además de materia prima en el Musmuki.
El Musmuki es un mono nocturno con ojos grandes. También un conocido bar frecuentado por bohemios y viajeros del mundo entero. El nombre bien podría ser un homenaje al pequeño primate o analogía previa a las caras de los clientes a la salida. Con hierbas, raíces y cortezas elaboran aguardientes que tienen más divertido el nombre que el sabor. Así forman la lista de tragos los fuertes como el 'Antidengue', aquellos para los que sobran los matices como el 'SVSS', siglas de Siete Veces Sin Sacarla, o el definitivo 'Espérame en el suelo'.
SELVA DE MITOS.
Desde el puerto junto al Mercado de Belén sale la barcaza que río arriba, en dirección a la Reserva Nacional de Pacaya Samiria, lleva al Lodge Muyuna. Inconscientemente, la mano se desliza por babor y las turbias aguas del Amazonas se escurren entre los dedos. Es como si tuviera la necesidad de sentirse parte de ese enorme caudal. Cientos de miles de metros cúbicos cada segundo. La duración del trayecto permite volver a evocar los días en que Orellana, buscando el País de la Canela, llegó hasta la desembocadura del río. Cuentan que fue él quien bautizó al Amazonas y existen un par de curiosas teorías sobre el topónimo.
Una comenta que el expedicionario se encontró con mujeres que luchaban como hombres, aunque bien pudieron ser indios de largos cabellos. Y la otra que el nombre viene por la paronimia de alguna palabra indígena que pudiera haber llevado a los españoles a confusión.
Tres horas río abajo se han quedado todas las necesidades que hacen nuestra vida más cómoda. Las hamacas en la entrada mecen nuestros sueños de expedicionarios que se completan guiados por la luz de las teas que conducen a las habitaciones. Las parte alta de las paredes no es más que una mosquitera que permite una perfecta audición de la sinfonía salvaje. Por la mañana espera la selva y Alvino, el guía que, machete en mano, va a marchar abriendo paso.
Estos guías locales son una suerte de enciclopedia de lo que la selva ofrece. Conocen cada una de las plantas y sus diversos usos, de un certero tajo hacen brotar de la liana conocida como 'uña de gato' el agua más fresca y son los primeros en avistar a los correosos leoncitos, las inquietantes tarántulas o los sigilosos caimanes.
Los niños gritan desde la orilla del poblado San Juan de Yanuyacu, uno de esos lugares donde los chavales han hecho de la sinceridad sonrisa. Pelean por demostrar quién es capaz de coger a la anaconda que encierran en una caja, por ver cuál es la mejor cabriola o por presumir de ser capaz de subir antes a un árbol para bajar a una velocidad de vértigo con un puñado de frutas en las manos.
Más tarde, sentado junto al chamán, las horas pasan escuchando historias de la mitología amazónica. Los tragos de chicha, la bebida que sale de la fermentación del maíz, ayudaban a hacerlas verosímiles. Una cuenta que el delfín rosado o 'bufeo' se transforma en un apuesto hombre que seduce a las muchachas jóvenes. Otras hablan del Yacuruna, un espíritu mágico invocado en las sesiones de 'aya-huasca' o del curioso grito de unos niños convertidos en aves que llaman a su madre con el lastimero canto 'Ayaymama'.
A la mañana siguiente la barca se dirige a una tranquila laguna donde probar suerte con la pesca de las pirañas. Cada vez que se producía el tironcito de la caña, el anzuelo subía sin el pedazo de pollo usado como cebo. Tras infructuosos intentos, la barca se abre paso entre una densa vegetación hasta llegar a la espectacular Victoria Regia, el nenúfar más grande y que, según la tradición, puede sostener el peso de un bebé en su acuático regazo. De vuelta, aparece el delfín rosado. El 'bufeo' de la mitología es en realidad un animal prácticamente ciego que se guía por ultrasonidos en las turbias aguas.
La inmensidad de la Amazonía peruana hace que podamos vivir mil experiencias diferentes en otros lugares. Los alrededores de Puerto Maldonado, la capital de la región de Madre de Dios, ofrecen una de las mayores biodiversidades del planeta. Bosque enano, de neblina, selva alta y las mayores posibilidades de avistamiento de guacamayos a lo largo del río Tambopata.
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El viaje (Parte IV)
El asiento de pasajero tiene ciertas ventajas, puedes ver la figura de quien le confías tu vida y ser sus ojos ante lo que no puede prestarle mayor atención. En ese momento yo era sus ojos. Observaba cada uno de los detalles que pasaban a nuestro lado. Me fijaba en ellos para poder ser transportado a otro sitio. Eso es posible. Es posible cuando lo piensas detenidamente y te dejas llevar por los pensamientos ansiosos por aparecer. Lastimosamente a veces nos lleva hacia lugares que no deseábamos recorrer pero que no podemos ignorar. Uno de esos caminos es encontrar mi propio yo, un yo que aun no alcanzo a comprender.
Qué triste cuando no sentimos deseos de estar en ninguna parte y la aflicción nos carcome. Qué triste es la sensación de que no encajas en ningún lugar de esta tierra y que ningún lugar verdaderamente te pertenece. Nada es de nadie y todo es de todos, según tengo entendido. Cuan cierto es el hecho de que somos seres solitarios que se la pasan buscando compañía. Incluso si tuviéramos un millón de personas a nuestro lado aun así estaríamos solos. Qué triste es embriagarse con pensamientos de felicidad cuando la verdad es que solo nos estamos engañando. La felicidad, el cual es algo que buscamos recurrentemente. Si pienso en ello em viene a la mente algo que siempre he creido: la felicidad no esta en las felicitaciones de unos cuantos conocidos si no en la sonrisa de un extraño. Saber que una persona que nunca antes has visto puede apreciarte por lo que eres es mas valioso que el abrazo por compromiso de un rostro familiar.
Siempre que he tratado de hablar de este tipo de cosas siento que a los demás no les interesa, prefieren preocuparse por como producir mas dinero, lo bien que se verían bajo esas ropas o lo importante que seria que asciendan en el trabajo. Claro está que es importante en mayor o menor medida hablar de eso, pero también lo es hablar de otras cosas. Tu vida no debería estar representada por números y cifras en una fría hoja de papel.
Puede ser extraño lo se, pero seguimos el viaje sin decir palabra alguna. Había perdido la cuenta de los kilómetros por andar pensando en tantas cosas. ni siquiera me concentraba en el frio como tampoco en hablarle. Ambos eran importantes. Cualquiera tendría frio a esta hora y cualquiera se sentiría incomodo por no hablar. Tenía que ponerme serio y comenzar a entablar conversación. Tomé aire y me dispuse a hacerlo pero en cuanto estuve por abrir la boca para preguntar cualquier cosa ella detuvo la motocicleta y encontramos a la tercera persona memorable de nuestro viaje. Un hombre flaco como si no comiera en años y pálido como los drogadictos de las esquinas de calles olvidadas por Dios. Estaba divagando a unos metros de nosotros. No entendía que decía pero sentí miedo, podría ser un orate o incluso un asaltante. Ella en cambio parecía muy interesada en hablarle. Nos acercamos a él, yo esperando que no sea peligroso y ella… bueno no sé lo que ella estaba pensando.
- Hey… ¿te sucede algo? – pregunta ella sin miedos. El hombre inquieto miraba a todos y ninguna parte. Como si tratase de descifrar algo en el ambiente.
- ¡No lo ves!, ¡están por todas partes!, ¡nos rodean!, ¡no dejan de reírse!. ¡No se que quieren…!! – responde visiblemente afectado.
- ¿Qué es lo que ves? – pregunte curioso.
- ¡Están por todas partes... no se quieren! – responde frenético.
- ¿fantasmas? – pegunta ligeramente ella.
- No… no son tunchis, no son tunchis, no lo son. ¡no se quieren! – responde levemente descontrolado.
- ¿Entonces que son? Pregunta ella.
- Es “la plata”, la plata me habla, me hablan todos. Me dicen que quieren que haga mas pero ya hice mucho y aun así siguen insistiendo… he estado haciendo mucha, mas de lo que necesito aun así ellos no paran. Siguen insistiendo que no es suficiente. No entendía bien de lo que estaba hablando – “La plata” no se bien a lo que se refiere cuando dicen que le habla, el dinero no habla. Debía saber de lo que eestaba hablando.
- Los billetes…¿te hablan los billetes? – pregunte algo avergonzado.
- Si… ellos. No entiendo que quieren he hecho mucho mas de lo que necesito pero para ellos no es suficiente. Primero pidieron que fuera más y obedecí. Trabaje mucho y conseguí mas, tenia mas plata pero aun así seguían golpeando mi cabeza, mas y mas… “que no es suficiente” “que quieren mas”. Deje de comer para tener mas plata, deje de comprarme cosas he hice mas pero aun así no es suficiente… ellos insisten. No se que quieren de mi ya no puedo hacer mas.
Observábamos inmóviles sin decir palabra alguna. No sabia como reaccionar. Era la primera vez que escuchaba tal cosa de alguien. Incluso la primera vez que veo a alguien que el dinero le habla. Cuando mis ojos la buscaron para al menos tener una idea de que hacer o decir ella permanecía tranquila. Mirando fijamente a aquel ser extraño. Entonces ese hombre de entre la maleza saco una mochila y al abrirla estaba repleta de dinero.
- Miren he hecho mucho. Mas de lo que necesito. No se que quieren. Insisten… insisten. Todos insisten. Quisiera que se callen, ya no puedo conseguir mas plata. Ya no… – el hombre abrazo la mochila y los billetes caian en la hierba. Podía escucharlo llorar, sus lamentos, su locura, su desesperación… podía sentirla de alguna forma. Porque de alguna forma yo también estaba en el mismo mundo del dinero. Ella en cambio tenia los ojos tristes. Fue como si quisiera salvarlo del abismo en que se encontraba. Levemente avanzo hacia él.
- No los escuches mas… simplemente ya no los escuches; por mas que te lo pidan no les hagas caso. Regresa a casa. Debo haber alguien esperándote – el hombre levanto su rostro cubierto por las lagrimas. Por un momento pareció como si estuviese viendo ante él un ángel misericordioso, pero no tardo en cambiar el semblante y sus movimientos se tornaron violentos.
- ¡no te acerques! Se lo que quieres, quieres mi plata para complacerlos pero no te daré nada. Si consigo mas ellos dejaran de molestarme. ¡aléjate! – sosteniendo una piedra con convicción. Me puse delante de ella y trate de calmarlo. Aun así el prosiguió – ¡aléjate de mi!, ¡no te me acerques! – entonces el hombre se hecho a correr hacia la profunda oscuridad del bosque.
- ¡Espera…es peligroso! – pero nuestros gritos no le llegaron, desapareció y ningún sonido quedo de él.
Nos quedamos pensando en que hacer, si ir tras suyo o no. Nos quedamos inmóviles (por un minuto exactamente) pero ambos supimos que nada podíamos hacer. Desapareció y nos sentimos tan impotentes.
Nos subimos a la moto y seguimos adelante. Al lado de la carretera pude ver la marca del km 43. El reloj marca la 01:20 am. El viaje continua. De alguna forma sabemos que debe continuar.
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El viaje (Parte I)
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El viaje (parte VII)
domingo, abril 26 / Etiquetas: Analisis, Darkketa, hombres, mujeres
La mujer ideal (segun ellos)
viernes, abril 24 / Etiquetas: curiosidades, flickr, fotografia, imagenes
The force is strong with this one
Hoy amanecí con un terrible dolor de cabeza en uno de esos días en que no tengo ganas de nada. Asi que navego un ratito y me entretengo con lo primero que encuentro. Y lo que encuentro es un poco de sano frikismo del día por parte de flickr. Mejor dicho del blog de flickr."The force is strong with this one"
jueves, abril 23 / Etiquetas: Analisis, Globito, Hippies, Subculturas
Hippies en Iquitos
martes, abril 21 / Etiquetas: Cuentos, El viaje, Narración, Relatos
El viaje (Parte III)
Es curioso como no te percatas de donde te encuentras hasta que lo piensas. Estábamos corriendo bajo la lluvia y el viento de medianoche atormentaba nuestros cuerpos pero sentía que no me afectaba; solo cuando me percate de aquello comencé a temblar. Ella por su lado parecía estar conduciendo en pleno día con el sol sobre sus hombros. Al entrar al km 08 la oscuridad del camino salió a relucir como no lo había notado. Perturbadora oscuridad delante y atrás de nosotros. No se podía ver el horizonte y el camino que dejábamos se perdía en las sombras. Por un momento sentí que estaba en un túnel oscuro donde no se puede ver ni la entrada ni salida.
Pensé entonces que así se sienten las personas cuando andan por la vida; sienten que están en un túnel sin salida, que mas adelante debe haber una luz, por mas lejana e inalcanzable que parezca debe haber una luz. Muchos se quedan en medio camino o tan solo se resguardan esperando al amanecer y continúan la marcha. No lo se, no se si mis ideas son correctas. Después de todo estaba en el túnel de la vida y no estaba seguro si lo que quería era esperar el amanecer.
De pronto dejo de llover en el momento que la motocicleta surca una impredecible curva; digo impredecible porque no sabia exactamente cuando acababa y cuando seria recto. Ella lucia tan segura de si misma. Veía el camino a la perfección. La idea de que nos parecemos se aleja. Porque me asemejo al perfil del perdedor y quien quiere parecérseles. Pueden admirarlo, vanagloriarlo por entenderlos diferentes pero nadie quiere vivir sus vidas caóticas y deprimentes. Véase lo que la historia nos deja: Cobain es un icono de la música, una figura de la juventud rebelde; pero quien puede asegurar que resistiría todos los conflictos que había en su cabeza, quien puede dar por cierto que soportaría tal presión.
Sigue el camino y dejamos atrás el cementerio mejor implementado de Iquitos “Jardines del Edén” con sus campos verdes y bellos jardines. Lo pasamos sin mas preámbulos, sin fantasmas cruzando la carretera ni escuchando los lamentos de los que allí duermen. La figura del cementerio estancado en la vía me produce una sensación de bienestar, nosotros no nos estamos alejando del mismo, es el quien se aleja de nosotros.
La segunda figura inolvidable de nuestro viaje se muestra bajo la presencia de una anciana que cruza la vía despreocupada. Detenemos el vehículo y nos quedamos observándola por un momento. No se inmuta ante nosotros. Ni siquiera voltea a vernos, solo cruza cargando un enorme bolso y sosteniendo un paraguas negro. Se detiene inmóvil a un lado de la vía. Al principio debo reconocer que su figura me parecía fantasmal. Una anciana en una ruta en penumbras parece salido de una película de terror japonesa. Pero a medida que nos acercábamos se volvía mas humana, palpable, alcanzable.
- ¿Que haces madre? – pregunta ella sin miedos desbaratando el silencio que reinaba a nuestro alrededor.
- Esperando… – responde la anciana sin siquiera vernos a los ojos.
- ¿Esperando que? – pregunte tratando de no ser irrespetuoso. La anciana clava sus ojos en mi cuerpo empapado.
- Que puede esperar una anciana… – replica.
- ¿La muerte? – pregunta sin miedos mi acompañante. Tal interrogante me pareció terrorífica además de fuera de lugar. La anciana levanto los hombros y sacudió el paraguas.
- No la menciones con tal confianza que nadie te la ha dado. Aun tienes mucho que vivir para si quiera pensar en la viajera. Yo, en contrario he vivido demasiado. Será mejor que sigas tu camino que no tienes nada que hacer al lado de una vieja loca y su paraguas – pero ella continuo la conversación.
- Pero madre, no necesitas esperar a la viajera, aparecerá ante ti cuando deba aparecer… sería mejor que sea cuando estas en tu cómoda cama pensando en todo lo que has vivido – replica ella a lo que la anciana sonríe levemente.
- Por eso mismo estoy acá, ya he vivido demasiado y he pasado noches muy cómodas pensando en muchas cosas, cosas que me han hecho muy feliz y me dejaron muy triste. En toda mi vida nunca me quede de brazos cruzados. Ahora de vieja porque debería hacerlo – Se detiene un momento a observarme directamente como si no tuviese dudas y prosigue – lo que debes preguntarte no es que hace una vieja como yo a la mitad de la noche, si no que haces tu recorriendo este camino… – una breve pausa y continua – No hay mejor respuesta que encontrarla bajo la calidad luz del sol.
Otra vez nos quedamos viéndola, sin decir palabra alguna. Unos segundos después nos encontrábamos nuevamente en la moto no sin antes despedirnos de la anciana con un gesto amable y ella respondió con una cálida sonrisa.
Al mirar hacia atrás fue como si no hubiese existido, su figura se perdió en la oscuridad aunque su voz repetía aquellas palabras una y otra vez en mi cabeza: “no hay mejor respuesta que encontrarla bajo la calidad luz del sol”.
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