
Fuente: Diario de IQT
Calles silenciosas, los bares bulliciosos. Esquinas vacías y putas ambulantes.Borrachos y mendigos, locos y cuerdos. Entre las luces nocturnas se desplaza a toda velocidad.
Silvio es mototaxista desde hace cinco años, trabaja de noche. En este tiempo ha descubierto Iquitos: gente extraña y alucinante, con matices que no se ven bajo el sol asfixiante. Cada noche, durante cinco años seguidos, abraza a su hijo antes de que se duerma y hace el amor con su mujer antes de partir.
Estas son solo dos anécdotas de este año; una parte de su diario de motocarrista:
Jueves 10 de Abril de 2008: Comienza la faena nocturna, es una noche cualquiera, de aquellas que no me importa quien se suba al motocarro, si tiene dinero es bienvenido; así este borracho, así este sangrando, así este pariendo. Si tiene para pagar, yo conduzco.
Sube un pata de mirada perdida, habla en voz alta como si fuera sordo y no deja de escupir. "Mancha, al hospital regional". Enciendo el motor y lo transporto lo más rápido que puedo, no me gusta tener gente así mucho tiempo, puede ser un pendejo que en cualquier momento saque un cuchillo y me amenace, o solo un idiota que por no pagar la carrera salte mientras conduzco sin importarle nada (se han dado casos, ya me paso alguna vez).
Llegamos a la pista de estacionamiento del hospital, donde vienen a practicar los novatos, los que recién están aprendiendo a conducir, o los que simplemente quieren aparrar con su hembra. Me pide que espere un momento, de pronto otros motocarros comienzan a llegar, hacen una rueda. La agitación aumenta: jóvenes que vociferan cosas que no termino de comprender; uno de ellos habla acerca de la timba, sacan dinero del bolsillo y comienza el ritual; otro explica brevemente sobre las "reglas" de que solo se permiten puñetes y patadas y si cae al suelo tener que esperar a que se levante; entonces alguien pregunto quien comenzaría a lo que mi pasajero dio un salto enorme que remeció todo el mototaxi y antes de caer al suelo ya se había quitado la camisa y el reloj.
Era una simple pelea callejera con apuesta, pero los muchachos le ponían ganas, un golpe cruzado, una patada en el estomago, un ojo morado. Todo era alucinante, estaban extasiados. Yo podía diferenciar el olor de la marihuana que se entremezclaba con la nicotina, el trago en el suelo y vasos de plastico estrujados. Una pequeña fiesta en plena calle sin miedo a ser arrestados.
A mi pasajero le rompieron la ceja, le hincharon un ojo y le partieron un labio, pero ganó la pelea porque su contendiente terminó noqueado de un puñetazo que le rompió el tabique nasal; lo interesante es que al final se abrazaron, se agradecieron y felicitaron por tan buen combate.
Alguien preguntó: ¿quién quiere ser el siguiente?, a lo que varios de los presentes levantaron la mano y dijeron en coro "yo"
Viernes 06 de Junio de 2008: Noches como esta no son productivas, a veces uno no hace una carrera pasado buen rato. Aparte, se debe tener bastante cuidado a quien vas a llevar. Por ejemplo, cuando un tipo te pide a las 02:00 am que lo lleves a tal lugar y sabes que ese sitio es un descampado oscuro o simplemente sospechoso, es mejor negarse porque fijo que es un hijo de puta que quiere robarte. Lo mismo con las mujeres, debes tener cuidado con la que coquetea contigo, no lo hace simplemente por que esté arrecha. He escuchado casos de mototaxistas que se las llevan a tirar en tal lugar, pero luego salen varios malandros, terminan por molerte a palos y te roban hasta el calzoncillo.
03:10 a.m. Lo bueno del "Plan zanahoria" es que los pasajeros aumentan de golpe; y esta noche sin suerte le haré guardia al Noa. No demoran en salir, desde las chibolas bien ricas hasta los borrachos huevones, es solo cuestión de esperar, tener paciencia y uno se acercara.
De entre esa multitud un muchacho se acerca, bien vestido, un blanquito, un pituco. Quiere que lo lleve hasta la Urb. Sgto Lores. Al llegar me pide que lo espere un momento, entra a lo que supongo es su casa y un minuto después sale con tres bolsas negras, saca un billete de 20 lucas y me propone hacer otra carrera, no me niego, esta pagando. Saca el telefono celular y habla en voz alta, algo de hacer deporte. Al rato recojo a otro huevon, una vez juntos y riéndose sin sentido me dicen que los lleve al mercado central.
En el camino en una esquina estaba un travestí esperando por clientes, estoy tan acostumbrado a verlos, incluso les hago carreras, son buenos clientes, pero no atraco otra cosa que no sea dinero. De pronto uno de ellos me dice "broder, anda despacito al lado de ese rosquete" no tengo problemas, ya me ha tocado antes llevar huevones que se los levantan. Pero para mi sorpresa, uno de ellos se baja y con bolsa en mano se lo arroja con todas sus fuerzas, entonces me di cuenta que contenían basura. "¡'On arranca!" y por acto reflejo obedezco. El travestí nos corretea una cuadra, insultando a todo pulmón. Mis pasajeros no dejan de reír.
Poco después les pido que se bajen porque no estoy para esas vainas, entonces uno de ellos me grita que es solo un pasatiempo, casi un deporte para ellos, que los relaja, que los divierte. A mí no me importa lo que hagan, pero no me gusta ser participe. Pero vuelve a sacar dinero del bolsillo un billete de 50, "solo hasta el mercado central y de allí a mi casa" y soy tan débil, 50 lucas de golpe, sumado a los 20 que ya me dio, no puedo negarme.
Llegamos al mercado, no dejan de reír, de verdad les divierte esto, buscan una presa, alguien, cualquiera. Divisan a un piraña durmiendo en una silla. "Ese huevón", se acercan sigilosos, a un metro, como si fueran los juegos olímpicos, hacen girar varias veces la bolsa, a tantas revoluciones como sea posible, y se lo lanzan en plena cara "toma conchatu..." y vienen hacia mi corriendo y riendo a todo pulmón.
Arranco dejándome llevar por el momento.
Era hora de llevarlo a su casa, pero el pata pide que espere un momento y regresemos, aun queda una bolsa y los fumones y pirañas son inacabables. Su deporte, lo hacen para relajarse.
No puedo negarlo yo también comencé a reír.
En honor a la verdad, yo también me estaba divirtiendo.